martes, 24 de noviembre de 2009

Sergio Busquets, de promesa a indiscutible

El pivote pulcro
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Temporada 2007-08. Un técnico joven y con ideas revolucionarias destaca en le tercera división catalana. Se trata de Pep Guardiola y su Barcelona B que comanda con suficiencia la clasificación con jugadores de calidad y un juego de toque no habitual en tales categorías. Un grupo de ojeadores de equipos de Primera (entre los que se encuentra Víctor Orta, mano derecha de Monchi en el Sevilla) observa con detalle las evoluciones del equipo de Pep en un partido. Pronto se inicia un debate sobre el medio centro del filial culé. Es alto, espigado, con la cabeza siempre arriba, buscando la solución más fácil. Hace todo con limpieza, naturalidad y apenas pierde balones, pero sus críticos salen a la luz: juega a un ritmo demasiado bajo, demasiado sobrado. Poco competitivo, piensan, para categorías superiores. “Este chico no vale para Primera”, es la conclusión que saca la mayoría de los presentes.
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Dos años después, Sergio Busquets sigue jugando con el mismo aire de suficiencia que lo hacía entonces. Rara vez se le ve hacer un regate, o un pase entre líneas espectacular, o llegar con peligro al remate (exceptuando las jugadas de estrategia). Pero rara vez yerra un pase. Las estadísticas televisivas suelen centrarse en el número de pases acertados por Xavi a lo largo de un partido, pero más de uno se sorprendería si mostraran las de Busquets. Su clarividencia para buscar la solución correcta en el pase hace que la consideración de pivote “defensivo” suene injusto en su caso.
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Además, tiene 21 años pero juega como un veterano de 31. Utiliza el cuerpo como pocos para cubrir el balón y tiene el oficio necesario para competir al máximo nivel (junto a una tendencia salgadiense – perteneciente a Michel Salgado- a exagerar las entradas del rival revolcándose por el suelo). Su personalidad es evidente: “Me llamo Sergio, no Sergi”, repite a la prensa a pesar de que en la web del club se refiera a él en ciertos textos catalanizando su nombre. Y esa personalidad se traduce en el césped, con aire de futbolista de barrio que no se arruga ni ante el argentino más barriobajero. Los jugones del Barça y la selección seguro que lo agradecen.
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Busquets siempre se ha visto envuelto de un halo de buena suerte. Que Guardiola haya sido tu entrenador en Tercera lo demuestra. Que al subir al primer equipo te rodees de Xavi, Iniesta, Toure o Keita también. Incluso con cuatro años, el ángel de la guarda de Busquets le salvo de la tragedia. El entonces portero del primer equipo y padre de la criatura, Carlos Busquets, salvo con un gesto heroico a su hijo de una plancha que se le venía encima. El protector padre sacrificó sus manos de guardameta culé por la salud de su pequeño. Aunque otra versión de los hechos señaló entonces a un accidente de moto (prohibido en el código interno del Barça) como verdadero culpable de la baja.
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Sea como fuere, con mayor o menor dosis de suerte, el mérito del pivote barcelonista es incuestionable. A su lado, todos son más felices. En la selección, el deprimido madridista Xabi Alonso sabe que puede salir tranquilamente al ataque porque cuando vuelva a su posición defensiva habitual, el bueno de Busquets tendrá todo recogido y limpio. Algo parecido a lo que le ocurre a Xavi en Barça. El pulcro Busquets tiene como misión especial que todos sus acompañantes sean un poco más felices a su lado.
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El Barça y la Selección juegan de lujo. ¿El punto en común? Para la mayoría de analistas el cerebro de Xavi, la verticalidad de Iniesta o la seguridad de Piqué. Pero no olvidemos que el que mantiene todo limpio y ordenado es Busquets. El pulcro Busquets.

viernes, 13 de noviembre de 2009

Jesús Navas y Pablo Hernández, por un puesto en la lista

El rey del silencio y el maestro del bullicio
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Agosto de 2010. Minuto 70 de los cuartos de final del Mundial de Sudáfrica. España pierde uno a cero contra Italia y el fantasma de los cuartos asalta la conciencia de los españoles. Del Bosque necesita una solución de urgencia y prepara un cambio; algo diferente que cambie el rumbo del encuentro y eso solo se lo puede dar un extremo eléctrico que acelere el ritmo del juego. Del Bosque mira al banquillo y solo encuentra un jugador de tales características. En ese momento recuerda el momento de dar la convocatoria y cómo tuvo que decidir para el puesto entre dos hombres: Jesús Navas y Pablo Hernández. Dos jugadores tan similares y tan diferentes.
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Jesús y Pablo son dos chicos introvertidos. Lejos del aspecto hercúleo de los futbolistas de hoy en día, ambos tienen una apariencia frágil, de futbolista de antes, y su juego se encarga de demostrarlo; buscan cobijo en la banda donde la verticalidad y rapidez en las acciones preside su juego. Como los extremos a la antigua usanza. Sus similitudes son varias: nacidos en el 1985, los dos sobrepasan justitos el metro setenta de estatura y son capitales en el foco ofensivo de sus equipos. Pero Jesús Navas y Pablo Hernández tienen algo que los diferencia: el ruido.
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El 23 de noviembre de 2003 Jesús Navas debutaba en Primera División dos días después de cumplir la mayoría de edad. Desde su estreno, la vida deportiva de Navas ha estado acompañada de un ruido ensordecedor. Familiar hasta extremos impensables, Navas ha desarrollado una dependencia de su entorno más próximo que le ha impedido poder ir a las concentraciones de los equipos en los que militaba. Su evolución en el futbol español ha sido tan vertiginosa como su forma de eliminar defensas. Pronto los periódicos se encargaron de nombrarlo como la nueva perla de la cantera sevillista. Ruido. Su problema con las concentraciones y la necesidad de acudir a los psicólogos le dieron un toque de morbo del que gusta en los medios. Más ruido.
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Al mismo tiempo que Navas deslumbraba con el Sevilla, Pablo Hernández disputaba con el juvenil del Valencia su última campaña antes de ser cedido al Onda, de Tercera División. Luego le siguieron las experiencias del Valencia B y Cádiz hasta llegar a Getafe, donde se hizo un sitio en Primera, sin que tocara las categorías inferiores de la Selección. Su vuelta al Valencia no aclaró su camino: debía luchar con un puesto con Joaquín. Hasta marzo no completo ningún partido completo, pero a partir de este momento se hizo indiscutible. En el Valencia sus actuaciones siempre están a la sombra de los mediáticos Silva, Mata y Villa, aunque lidere el apartado de más asistencias de gol en Liga. Silencio. Su carácter tímido y sus pocas apariciones en los medios tampoco ayuda. Más silencio.
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Jesús ha encontrado siempre el reconocimiento de afición y medios, a Pablo le ha costado mucho más. Jesús ha sido un habitual en la banda derecha sevillista casi desde su debut, Pablo ha tenido que deambular por diversos escenarios hasta ganarse el respeto en su casa. Jesús ha luchado con el viento a favor de un equipo que atravesaba el mejor momento de su historia, Pablo ha sobresalido dentro de la mayor crisis institucional del conjunto che. Navas tiene a su favor la opinión pública y una campaña mediática, brillantemente iniciada desde Sevilla, que cada vez gana más adeptos. A Pablo Hernández le avala lo de siempre: competitividad para ir derribando todas las barreras que se le pongan por delante. Eso sí, silenciosamente.
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Restan 20 minutos contra el muro italiano para cambiar la historia de España. Tiempo para los valientes y los futbolistas sin complejos, para los acostumbrados a la lucha. El cuarto árbitro señala el cambio. Silva abandona el campo y en su lugar entra...

domingo, 18 de octubre de 2009

Raúl, suma y sigue

El hombre con más suerte del mundo
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Existen delanteros goleadores y otros que son más asistentes. Los que saben jugar de espaldas y los que prefieren espacios abiertos para aprovechar las contras. Los hay chupones y los que prefieren combinar con sus compañeros. Los que trabajan incansablemente dificultando el juego rival y los que parecen apáticos hasta que les llega un balón en condiciones. Los hay altos y bajitos. Zurdos y diestros. Rubios y morenos. Guapos y feos. Y luego esta Raúl, inclasificable.
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Si se tuviera que elegir la principal característica del 7 blanco muy pocos se pondrían de acuerdo. Descartadas la velocidad y el regate por razones obvias, no parecen servir como principales armas de Raúl su golpeo de balón, una calidad desmesurada o el pase milimétrico. Ardua tarea la de definir al 7 blanco. Quizás el que mejor definió el juego de Raúl fue Jorge Valdano. “Raúl es el crack mental”, explicó. Bonitas palabras con acento argentino, pero palabras sin más, poco traducibles de cara a explicar sus actuaciones en campo de juego.
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Existe otra segunda visión para definir a Raúl, la de sus críticos. El crítico de Raúl es un sujeto singular. Esta acostumbrado al cambio, a la novedad, a encumbrar al nuevo antes de ver la misma cara todos los domingos. Prefiere la cocina moderna a los platos tradicionales. Los nuevos héroes del videojuego a Mario Bross. El Powerade sabor kiwi que el clásico Aquarius. La joven de minifalda que su mujer de toda la vida. El bar de la esquina es su lugar elegido para efectuar su disección, con una buena dosis de cerveza en la mano. En la exposición de su desmenuzado estudio elige un tono de voz más alto del habitual, sin duda para que sus argumentos puedan escucharse con mayor facilidad.
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Suelen ser gurús del análisis deportivo, con grandes conocimientos tácticos, que traducen su concienzudo examen en una frase: “Ese tío tiene mucha suerte”. Hay que agradecerles que después de un estudio tan complejo tengan la delicadeza de traducirlo en una frase que todo el mundo pueda comprender. Resulta curioso, por cierto, que entre este género de analistas deportivos no figure ninguna persona del mundo del fútbol. Ningún jugador, dirigente o entrenador (los que se supone que más saben de esto) ha dirigido nunca una mala palabra hacia Raúl.
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Pero centrémonos en Raúl. Aceptemos esa teoría. Raúl es un hombre con suerte. El tío con más suerte del mundo habría que añadir, porque 15 años después sigue mostrándola domingo a domingo. Pero, ¿acaso no es eso un mérito? Una película española llamada “Intacto” ofrece una curiosa teoría sobre la suerte. En el film, los protagonistas compiten por ver quién tiene mas suerte de todos sometiéndose a pruebas que ponen en riesgo su propia vida. En la película se mantiene la tesis de que la suerte no es aleatoria, sino que es una virtud que algunos individuos tienen y otros no. Si dos personas juegan a la ruleta rusa, el que se vuele la tapa de los sesos de un balazo no se decidirá de forma casual, sino que lo hará el que tenga intrínsecamente peor suerte, al igual que ante un test de inteligencia el más inteligente obtendrá mejores resultados.
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En esta película, Raúl seria campeón del mundo de ruleta rusa. Nunca se ha visto un jugador con más suerte en el césped. Hace el desmarque al primer palo y resulta que casualmente es el lugar al que Granero envía el balón. Decide golpear con el exterior y, casualidades de la vida, el portero yace acostado sobre el primero. Tras una cabalgada de Marcelo, prefiere esperar la pelota en el punto de penalty en vez de entrar en el área pequeña. Pero la suerte le vuelve a sonreír y ese es el lugar donde el brasileño envía el balón. Partido tras partido, semana tras semana, temporada tras temporada Raúl sigue dando muestras de brillantez, perdón de suerte, y sigue sumando récord tras récord en su museo particular.
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Así es Raúl, el hombre con más suerte del mundo. O “el crack mental” si se prefiere decir en verso. Llegara un día, más pronto que tarde, que Raúl dejará el fútbol y entonces lo extrañemos, especialmente sus críticos que echarán en cara a los nuevos jugadores que no se comporten como Raúl. Pero tranquilidad, el día que lo deje seguramente le tocará la lotería. Es lo que tiene ser el hombre con más suerte del mundo.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

El Athletic de Bilbao a punto de hacer historia

Disfrutemos de un histórico
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Tres jornadas de liga y tres equipos comandan la clasificación. Todas las apuestas señalaban como lógico el inicio de Madrid y Barça, pero sorprendentemente no están solos. Les acompaña el Athletic de Bilbao, otro histórico. Y a uno no puede más que agradarle la clasificación de esta institución en lo más alto de la liga, aún sabiendo que lo suyo sí será pasajero. Es el Athletic un equipo acostumbrado a sufrir en los últimos tiempos. Su propio apodo de “leones” encierra ese dramatismo. Cuenta la leyenda, que San Mamés, santo que da nombre al estadio, fue un mártir cristiano que, obligado por los romanos a abandonar su fe, fue en última instancia arrojado a los leones. San Mamés consiguió amansar a las fieras con lo que a los verdugos no les quedó otra solución que sacrificarlo clavándole un tridente en el abdomen. El Athletic lleva demasiado tiempo con ese tridente: 25 años sin celebrar título alguno.
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Pero lejos de desangrarse el conjunto bilbaíno da últimamente muestras para el optimismo. Primero fue la ansiada final de Copa, y su correspondiente clasificación para la UEFA. Ahora, es este prometedor inicio en liga con una nueva generación de jóvenes con descaro y buenas maneras. A los Llorente, Javi Martínez o Toquero, se unen ahora jugadores como Muniaín o Aketxe (vasco por su apellido, porque por aspecto bien parece un surfero californiano). Junto a ese aire de novedad, el Athletic sigue representando los valores más tradicionales del fútbol. Todo, empezando por su equipación, tiene un aroma clásico. Jugadores de las proximidades, sentimiento de pertenecer a algo más que un equipo de fútbol, jugar en el único estadio que ha visto todas las temporadas de historia de la liga española, la continua evocación a mitos del club (como el busto de Zarra) etc.
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Su fútbol dista mucho de lo que ofrecen Real Madrid y Barcelona. Lo del Athletic recuerda a épocas pasadas. La rapidez en sus acciones, reforzadas por una tremenda entrega, lucha y noble agresividad, hacen de los bilbainos un equipo de rachas. Al más puro estilo Braveheart, cuando el Athletic tiene sus minutos de furia, apoyados por su fiel hinchada, el rival no encuentra lugar en el que esconderse, ni cueva en la que refugiarse. También puede ocurrir que estos atributos poco futbolísticos no sean suficientes, y es entonces cuando el Athletic sufre. De hecho está bastante acostumbrado a sufrir en los últimos años.
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Para quien no entienda lo que es el Athletic debería ver la semifinal de Copa del año pasado frente al Sevilla. Con una copiosa lluvia, para darle un aspecto más heroico a la cita, los leones recibían al Sevilla con la obligación de remontar un gol si querían estar en la final 25 años después. Al vendaval metereológico se unió el futbolístico del Athletic. Tan solo tardó unos minutos en darle la vuelta a la eliminatoria. El ambiente fue fabuloso, el fútbol desplegado por los rojiblancos también. El resultado: la ansiada final de Copa por fin llegó.
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Para quien no entienda lo que significa ser aficionado del Athletic debería pasarse algún domingo por San Mamés, la Catedral. O cualquier estadio donde la afición se desplace en masa, como ocurrió en Valencia durante la pasada final de copa. Una afición que llenó las calles de Valencia repleta de optimismo, cánticos y respeto por el rival. Una afición que no cesó de animar a su equipo ni aún cuando perdía por 1-4. Una afición que una vez concluido el encuentro se puso en pie para ovacionar por igual a los dos finalistas, al vencedor y al derrotado, sin entender de fanatismos.
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Así es el Athletic de Bilbao, el tercer equipo en la clasificación histórica de la liga, el único junto a Madrid y Barça en permanecer todas las temporadas en primera división, el mismo que fue el padre y sirvió como embrión del Atlético de Madrid. Pero además de estos datos históricos, el Athletic es a día de hoy líder junto a Madrid y Barça de la liga española. Si hoy gana en Tenerife sumará cuatro victorias en las cuatro primeras jornadas de liga por primera vez en su historia. Disfrutemos de este histórico mientras podamos, que seguro llegarán tiempos peores para los leones, donde el tridente del abdomen dolerá un poco más.

jueves, 17 de septiembre de 2009

Jose María Gutiérrez, ¿genio o farsante?

Guti, el eterno debate
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Cuando Jorge Valdano dirigía al Real Madrid en el año 95 mandó entrenarse con el primer equipo a un joven talento del juvenil tan irreverente en su juego como en su actitud fuera del campo. El entrenador del juvenil montó en cólera y le echó en cara a Valdano que cómo podía subir a aquel rebelde que apenas hablaba a sus compañeros y ni siquiera daba los buenos días. La respuesta de Valdano fue franca: “cuando quiera un novio para mi hija no lo eligiré a él”. Para jugar al fútbol sí eligió a José María Gutiérrez, “Guti”.
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Han pasado 14 años desde entonces, pero las dudas en torno a este futbolista poco han cambiado. Si irregularidad ha destacado de tal manera que ha pasado a ser su característica más dominante. Al menos para sus críticos. Los amantes del buen fútbol prefieren quedarse con sus excelencias. Es una cuestión de darle la vuelta a la tortilla. Los críticos achacan que nunca ha sido titular indiscutible en su trayectoria. Pero, ¿cuántos jugadores han estado durante tantos años seguidos en el Real Madrid? Los detractores añaden que su presencia en la selección ha sido escasa. Pero, ¿qué jugador se recuerda que haya suscitado tanta demanda social por no acudir con España? Sus opositores denuncian su escaso sacrificio defensivo. Pero, ¿cuántos pivotes son tan desequilibrantes en el juego de ataque de su equipo?
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Seguramente la gran debilidad del de Torrejón ha sido el agresivo debate en torno a su juego. La exacerbada crítica y el exceso de alabanzas recibidas le han hecho mucho daño. Guti no deja indiferente a nadie, sus detractores no le pasan ni una y sus defensores salen de sus trincheras a la mínima oportunidad. El Guti-debate se ha convertido en una guerra civil en el que toda persona debe tomar parte de uno u otro frente. Si alguien no se moja corre el riesgo de verse en medio de un fuego cruzado. Y si, por casualidad, ¿Guti no es un desastre defensivo que hace vulnerable al Real Madrid? Y si, por casualidad, ¿Guti no es el jugador más desequilibrante del mundo que gana partidos él solo? Quizás simplemente se trate de un fantástico futbolista al que hay que aprovechar sus mayores virtudes por únicas en el mundo del fútbol.
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En defensa de Guti hay que esgrimir que algo está cambiando esta temporada. Quizás sólo sea una intuición, pero parece más maduro, o mejor dicho parece maduro al fin. Poco se parece a ese jugador poco comprometido que daba prioridad a la comunión de su hija frente a sus obligaciones profesionales. Aunque solo hayan pasado unos meses, quizás es el tiempo que ha necesitado Guti para superar la pubertad como futbolista. Desde la vuelta de Florentino parece liberado de responsabilidad. Como si el hecho de que no se esperara nada de él le haya supuesto estar al fin fuera de los focos. Ahora debe representar un nuevo rol, como complemento de los artistas. No hace falta recordar que los papeles más destacados de Guti coincidieron con la llamada época galáctica donde su innato talento se complementó a las mil maravillas con los Zidane, Ronaldo o Figo. El mismo Ronaldo nada más recalar en el conjunto blanco dijo que lo que más le había llamado la atención del equipo era Guti, “lo hace todo tan fácil…”.
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Veremos cómo es el devenir de la temporada. Es larga y habrá minutos para todos, pero también habrá oportunidades para que Guti vuelva a las trastadas. O no, quizás ha madurado realmente. Por el momento, cerca de los 33 años, parece que Guti ha madurado y ha asumido su nuevo rol. Para los críticos es una pena que lo haya hecho tan tarde. Para sus defensores está aún a tiempo de aportar grandes cosas al Real Madrid. ¿Guti genio o Guti farsante? El tiempo nos dirá quien tiene razón, pero conviene recordar que entre el blanco y el negro también existe el gris.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Silva coge el testigo de Valerón en la selección

La deuda de la roja con Arguineguín
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El 5 de enero de 2005 el Eibar se jugaba sus opciones de subir por primera vez en su historia a 1ª división en el Camp d’Esports de Lleida. En el minuto 92 y con empate a un tanto en el marcador, un joven jugador del Eibar encara al meta contrario pero incomprensiblemente cesa en su empeño y lanza el balón fuera de banda. ¿El motivo? Su marcador está tendido en el suelo y necesita asistencia médica. El protagonista del gesto se llama David Silva y, con 18 años, se lleva el premio a la deportividad de aquella temporada. El Eibar pierde 2 puntos valiosos en una temporada que terminó 4º.
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Mucho ha cambiado la vida de Silva desde entonces. De poner la nota de calidad en las tardes de Ipurua a indiscutible referente del Valencia y de la selección española y ser considerado como uno de los grandes de Europa. En la formación del talentoso centrocampista español dos sucesos son clave. El primero su mencionada temporada en el Eibar. Los que le conocen dicen que con su paso por el conjunto armero ganó en carácter. Un equipo acostumbrado a la lucha y a los balones en largo, sufrió una mutación inimaginable de la mano de Mendilíbar, ayudado por las pinceladas de calidad del artista Silva en la media punta. Allí aprendió a competir, a ganarse el puesto y el respeto de compañeros y afición. Hasta entonces todo había sido un camino de rosas, tanto en el Valencia como en las categorías inferiores de la selección.
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El segundo suceso tiene que ver con su origen. David Silva procede de Arguineguín, una pequeña localidad de Gran Canaria de apenas 25.000 habitantes que en pocos años ha visto nacer a dos cracks del fútbol español: el propio Silva y el que sería su ídolo, Juan Carlos Valerón. El superclase del Deportivo y de la selección española fue desde el principio su modelo a seguir y de él ha heredado su clase y calidad. La precisión en el pase, saber llevar el tempo del partido o la elegancia en la conducción son atributos superlativos en Valerón que el pequeño David puso pronto en práctica. Además, Silva he mejorado en uno de los defectos que se señala a Valerón. David Silva también tiene mala leche. En Eibar forjó su carácter y aprendió que para ser un futbolista perfecto también debía aprender a defender. Después en Valencia, al lado de los Marchena, Albelda o David Navarro se hizo más duro, sin cruzar ciertos límites, por el riesgo a convertirse en un pandillero.
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Hubo un tiempo que España bailaba al ritmo que marcaba el flaco de Arguineguín, Valerón. Ahora el papel de Silva es diferente. Es un complemento de enorme calidad a la autoridad demostrada por Xavi, Alonso o Iniesta. Sin embargo, es un indiscutible. Durante la pasada Eurocopa fue de los jugadores que más minutos jugó y tuvo un papel más destacado. Si las lesiones le respetan, su plaza en el once de la roja está asegurada.
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Arguineguín está de enhorabuena. Valerón se irá, no le quedan muchos años, pero Silva cogerá su testigo. Los aficionados al buen fútbol se alegrarán cada vez que Silva firme actuaciones como la del pasado sábado ante Bélgica. Su paisano Valerón se alegrará aún más cuando repita acciones como la que hizo en aquel Lleida Eibar. Así son los futbolistas nacidos en Arguineguín: buenas personas y excelentes futbolistas.

viernes, 4 de septiembre de 2009

Argentina vs Brasil, algo más que un partido

El derby del mundo
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Hasta 93 duelos en 95 años de histórica rivalidad engrosan la leyenda de los Argentina- Brasil. Nunca un duelo de selecciones se había parecido tanto a un duelo nacional e incluso regional. Hay casos en los que la rivalidad podría compararse con la de dos pueblos separados por apenas kilómetros y que se juegan el honor de la comarca. Así ocurrió por ejemplo en 1920 cuando en Buenos Aires se jugó el clásico más sorprendente de todos: 8 jugadores por cada bando iniciaron el encuentro. ¿La razón? La tarde anterior los periódicos locales habían insultado a los jugadores brasileños llamándoles “macacos” en sus páginas. Muchos no toleraron la humillación y renunciaron al partido. Sólo 8 jugadores brasileños se presentaron a jugar y los argentinos no tuvieron más remedio que equilibrar fuerzas saltando al campo con el mismo número de jugadores.
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Lo cierto es que la mayoría de encuentros de esta índole tienen lugar sobre torneos menores: Copa América, fases de clasificación, campeonatos Panamericanos o el tan exaltado por los argentinos torneo olímpico (sin duda ayudan las dos medallas de Argentina en esta especialidad), pero este hecho no les resta un ápice de competitividad. Pero es que, además, esta vez el partido tiene un plus añadido: la posibilidad de que Argentina pierda la cuarta plaza que da acceso directamente al campeonato del mundo y se vea abocada a la repesca. Para los brasileños es cuestión de orgullo, para los argentinos de orgullo y algo más, de no quedarse fuera del mundial más de 40 años después.
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El escenario elegido está a 300 kilómetros de la gran urbe de Buenos Aires. Ni el Monumental ni la Bombonera acogerán el duelo. La final se disputará en Rosario, concretamente en el estadio Gigante de Arroyito, frente de una de las batallas más épicas del fútbol argentino, la que disputan todos los años Rosario Central y Newell’s Old Boys por la hegemonía en la ciudad. Canallas y leprosos se unirán por una vez, y sin que sirva de precedente, en un solo canto para animar a la albiceleste. El campo de batalla también tiene su valor simbólico: Leo Messi vuelve a las calles donde se le vio dar las primeras patadas.
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Argentina busca su identidad futbolística de la misma manera que Maradona busca la suya como entrenador. La albiceleste todavía no tiene un patrón definido. Diego quiere un equipo ordenado y compacto, en el que las estrellas Messi y Agüero gocen de la libertad adecuada para resolver partidos. Se palpa en el planteamiento la influencia de Bilardo, quien con un equipo sólido pero no brillante se proclamo campeón en México 86, defendiendo con 10 y con plena libertad para un tal Maradona. Si Argentina está buscando su identidad, Brasil tiene la suya muy marcada, pero es la menos brasileña que se le recuerda.
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Como un ejército espartano, Dunga tiene a sus jugadores mentalizados para defender con éxito. De resolver arriba se encargará Kakà y Robinho en alguna acción aislada, las jugadas de estrategia o el oportunismo de Luis Fabiano. En otras palabras, la selección brasileña que siempre enamoró incluso en la derrota (la selección que fracasó en España 82 sigue siendo considerada de las mejores de la historia) ha dejado a un lado el romanticismo y sólo piensa en el resultado. Un Dunga acostumbrado a sobrevivir como jugador entre artistas mucho más talentosos que él, ha sabido vender su selección como un equipo “ganador”. Parece que Brasil nunca hubiera ganado nada jugando bien al fútbol. Tan solo 5 mundiales.
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El partido nos dejará un resultado más para la estadística y miles de historias para el recuerdo. Como la expulsión de Maradona ante los brasileños en el mundial de España, o aquella jugada maravillosa de Maradona en el mundial 90 que le sirvió a Caniggia para eliminar a los brasileños, o los famosos botellines de agua infectados del mismo partido o el paseo de los brasileños en la final de la última Copa América que se llevaron tras un humillante 3-0… Al final todo será un resultado más y la rivalidad seguirá, pero cuidado si pierde Argentina. Quedarse sin mundial haría rodar cabezas, sería algo así como perder el camino a la tierra prometida, aunque sea su propio Dios el máximo responsable.